sábado, 31 de mayo de 2008

Mal de Altura


Viendo lo que ha sucedido recientemente en el Aconquija, publicaré un artículo muy interesante de la revista Campo Base. Espero q les sirva y lo aprovechen. No duden en pedir mas info sobre estos temas, que tengo mucha por suerte... Además agrego unos cuadros muy explicativos sobre valoración de urgencia relativa, ÉCA, EPA y medicación a suministrar









Hace más de 2.000 años en China descubrieron que por encima de 4.500 metros el hombre se veía afectado por vómitos, mareos y un fuerte dolor de cabeza. Es el mal de altura, provocado por la disminución de la presión atmosférica que hace más difícil que el oxígeno llegue a los pulmones. Hay tratamientos farmacológicos, pero lo ideal es ser cauteloso en la ascensión.
El ambiente en la alta montaña es excepcional por diversos motivos. En primer lugar, porque las
condiciones que el ser humano encuentra en ella son muy diferentes a las que convergen en las tierras bajas, especialmente las referentes a la adecuada oxigenación de los diferentes tejidos que conforman el cuerpo humano. El aire que respiramos está compuesto por una serie de gases de los cuales el oxígeno supone el 21%. Esta concentración del oxígeno en el aire ambiente no
varia con la altitud, y sigue siendo la misma tanto si nos encontramos en la cima del Everest o contemplando el mar en las playas de Menorca.

Pero la presión atmosférica disminuye conforme aumenta la altitud. Aunque los valores varían, se considera que a nivel del mar la presión atmosférica estándar es de 760 mm Hg o 1.013,25 mb, la mitad de la que encontramos a unos 5.500 metros de altitud. En la cima del Everest, la
presión se reduce a la tercera parte.
Como consecuencia de esta disminución de la presión atmosférica, la presión del aire que respiramos sobre los pulmones es cada vez menor y, por lo tanto, el oxígeno pasa cada vez con más dificultad desde los pulmones a la sangre y llega peor a los tejidos. En definitiva, la altitud hace que el aporte de oxígeno disminuya progresivamente: a mayor altitud, menor aporte. Las alteraciones relacionadas con este menor aporte de oxígeno se conocen como patología de la hipoxia de la altitud, popularmente ‘mal de altura’ (MAM).


La primera descripción conocida del mal de montaña se remonta a la cultura china en los tiempos del Emperador Chung-Ti (37-32 AC), cuando una Comisión China tenía que llegar a Afganistán y atravesar collados que sobrepasaban los 4.500 metros de altitud. Un miembro de la expedición, Too Kin, cuenta que cuando pasaron las montañas llamadas ‘Gran mal de cabeza’, ‘Pequeño mal de cabeza’ o ‘Pendiente de la fiebre’, los hombres llegaban con fiebre, mala coloración y eran atacados por mal de cabeza y vómitos, signos inequívocos del mal de altura. Cinco siglos más tarde otro chino, Fa Hsien, en un viaje a Cachemira y Afganistán, relata cómo a su compañero le salía espuma rosácea por la comisura de la boca poco antes de morir al atravesar un collado. Éste es otro de los síntomas del mal de altura: el edema pulmonar de la altitud.


La llegada de los españoles a tierras americanas supone el enfrentamiento de estos hombres con la altitud y con los nativos que habitan en ella, que sí podían vivir sin problemas a más de 5.000 metros. Los incas conocían perfectamente los problemas que causaba la altitud sobre el cuerpo humano y la diferencia de vida entre el altiplano y el nivel del mar. Esa sabiduría les llevaba a prohibir a los indios del altiplano descender al mar y a los del mar, ascender hacia las tierras altas.


La agudeza e intuición del jesuita español José de Acosta y la capacidad observadora del conquistador Pizarro sentaron las primeras bases de la aclimatación a la altitud.


El padre Acosta publica en el año 1590 en Sevilla La Historia Natural y Moral de las Indias y relata cómo fue presa de la angustia, fatiga y vómitos, incluso de sangre, al pasar por un collado
de 4.800 metros. Asegura que "si hubiera continuado, indudablemente hubiera muerto". La causa de los síntomas lo atribuía al aire respirado: "Estoy convencido que la textura del
aire es aquí sutil y suave y no está adaptado a la respiración del hombre que necesita un aire más fuerte y duro".

Francisco Pizarro, una vez conquistada Cuzco, la antigua capital inca, en 1533, observó también que los soldados más fuertes eran capaces de subir rápidamente desde Lima a la antigua capital y los más débiles necesitaban hacer algún día de reposo en el camino. Curiosamente, los débiles llegaban a Cuzco en perfectas condiciones, al contrario que los más fuertes que tardaban en recuperarse uno o varios días. Como resultado de esta observación y para evitar los trastornos que invalidaban a los más fuertes, mandó instalar un campamento a mitad del camino, actualmente la ciudad de Ayacucho, donde obligatoriamente debían pasar unos días los hombres que ascendían a Cuzco y los que descendían a Lima.




Síntomas del mal de altura


La hipoxia o carencia de oxigenación adecuada que conlleva la altitud provoca una serie de alteraciones desde leves hasta muy graves, que llegan a comprometer la vida. Las alteraciones del mal de altura suelen aparecer tras un periodo de exposición previa de 6 a 24 horas y su presentación más frecuente suele ser: el mal agudo de montaña, el edema periférico de la altitud, el edema pulmonar de la altitud, el edema cerebral de la altitud y las hemorragias retinianas de la altitud. El mal de altura comienza a ser frecuente a partir de los 2.500 metros de altitud.
Su frecuencia varía según el reconocimiento de los síntomas y su intensidad. Popularmente se dice que afecta a una persona de cada tres a 3.000 metros de altitud y a tres de cada cuatro a 4.500 metros.


La manifestación más frecuente del mal agudo de montaña es el dolor de cabeza o cefalea. Cuando la afectación es leve, suele desaparecer con la toma de una aspirina o paracetamol.
Pero si es grave los analgésicos no bastan. Otros síntomas de mal de altura son cansancio, malestar general, pérdida de apetito (anorexia), náuseas, vómitos y alteraciones del sueño.


Cuando la afectación es leve, suele producirse insomnio o dificultad para dormir, pero cuando es más grave se entra en un estado de somnolencia que puede evolucionar hasta el coma profundo (edema cerebral).


Existen varias escalas que ayudan al diagnóstico del mal agudo de montaña. Una de las más utilizadas por su sencillez es la Escala de Peter Hackett. Según la puntuación se clasifica la gravedad:


leve: 1-3 puntos
moderado: 4-6 puntos
grave: más de 6 puntos




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Cómo prevenirlo

Para la prevención del mal de altura existen tres reglas de oro que no deben nunca olvidarse, especialmente a partir de los 3.500 metros:

• No ascender demasiado deprisa a altitudes extremas. Como media, dormir a 400 metros por encima de donde se pasó la noche anterior.
• Ascender lo suficientemente alto para aclimatarse. Se recomienda montar el campo base entre 4.700 y 5.300 metros (en Himalaya)
• No permanecer mucho tiempo en altitudes extremas. Se recomienda pasar menos de diez noches por encima de los 6.500 metros.
• Otra medida importante para favorecer la adaptación a la altitud es ingerir bebidas en abundancia para conseguir que la orina sea clara.


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Tratamientos

Nosotros, durante varias expedicioneshemos desarrollado un método preventivo basado en la medida del‘Pico Espiratorio Forzado’ (PEF)mediante un dispositivo tipo Mini-Wright. Cuando su medida desciendemás del 5% por cada 1.000 metros de desnivel puede pensarse que se está entrando en mal de altura. A mayor descenso de la medida del PEF la patología es más grave. Como apoyo farmacológico a la prevención del mal de montaña se ha venido utilizando un diurético llamado Acetazolamida, un corticoide llamado Dexametasona y últimamente el extracto de hojas del árbol Ginkbo biloba. Para prevenir específicamente el edema pulmonar de la altitud se ha utilizado un vasodilatador llamado Nifedipina y últimamente un broncodilatador llamado Salmeterol.





Algunos de éstos fármacos también se utilizan en el tratamiento del mal de altura. La utilización de una cámara hiperbárica portátil es otra posibilidad de tratamiento del mal agudo de montaña grave y severo, del edema pulmonar de la altitud y del edema cerebral de la altitud. Se trata de un saco donde se introduce a la persona afectada y que, mediante
un cierre especial de cremallera, permite que su interior permanezca totalmente aislado el exterior. Gracias a esta propiedad de compartimento estanco, se puede introducir aire en
su interior, bien mediante una bomba de mano o de pie, y aumentar la presión interior por encima de la atmosférica. Es decir, un equivalente al descenso. El tratamiento con
cámara hiperbárica es un tratamiento para una situación de emergencia, especialmente cuando el descenso no es posible y/o no es posible administrar medicación. Su facilidad
de uso permite simular un descenso de 500 metros en unos 15 minutos y debería llevarse en todas las expediciones o trekkings en la altitud que superen los 5.000 metros.

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2 comentarios:

el espantapajaros dijo...

Me encanta esto, pero no quiero engancharme del todo todavía. Se me está haciendo difícil por las cosas que estas publicando. Están muy buenas y encima me generan inquietud y ganas de saber más y más. Excelente loco. Gracias por compartir tus conocimientos.

Fido dijo...

De nada! Es un placer compartir estas cosas, espero que les sirvan y sean de su agrado. abrazo